
Alguien por ahí me dijo que a este blog le estaban saliendo telarañas. Para remediarlo, los dejo con los párrafos inaugurales de Schmetterlinge. Para los que quieran saber, el libro saldrá a la venta en marzo, y estará disponible (para compras dentro y fuera de Chile) en la página ElAtico.cl. ¡Saludos a todos, y nos vemos a principios del próximo año!
Al día siguiente, al despertar, la niña sintió que una semilla de dolor había germinado en el remanso más oculto de su vientre.
Era la primera vez que Martina menstruaba. Era la primera vez que un malestar en la barriga la hacía morderse los labios de esa forma. Nada en el mundo, ni la indigestión, ni la diarrea, ni las puntadas al correr, se habían regocijado tanto con su sufrimiento. Nunca, al menos, con una cadencia tan persistente. Dolía, dolía y dolía, como si se estuviera descascarando desde adentro hacia afuera. Dolía como si una uña hubiera estado aguijoneando el corazón del nervio para ver cuánto podía llegar a hacerla gritar. Y, sin embargo, lo peor de todo no era eso. Peor, incluso, que el Hallazgo mismo, era la ausencia de un nombre que hubiera podido explicarlo.
El Hallazgo. No hay mujer sobre la faz de la tierra que haya llegado a vieja sin él. Los antiguos dicen que lo llevan impreso en el Destino, y que se encuentra al final de un viaje al que los hombres no pueden acompañarlas. Es una misión secreta, a menudo empapada de vergüenza, que las hace andar más precavidas que de costumbre. Las vuelve susceptibles aún al aleteo de una despreocupada mariposa. Es el primer encuentro que una niña tiene con la mujer que será, y, de un modo u otro, siempre duele. Siempre.
