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jueves, 18 de noviembre de 2010

El Cascarón Roto

Comencé este blog hace más o menos un año, con el sueño de ver publicada mi primera novela. Hoy, ese sueño está cumplido; días atrás, tuve la oportunidad de entrar a la FILSA sin pagar entrada, de sentarme en el stand de mi editorial a la espera de simpatizar con algún comprador indeciso. 

Pese a que no tuve la oportunidad de firmar muchos ejemplares, el objetivo se cumplió Estuve allí. Di el puntapié inicial a mi carrera de escritor y fue maravilloso. Martina Kemling hoy revolotea en la imaginación de unos cuarenta lectores. Y eso, aunque modesto, es fantástico. El Huevo Mundano fue, durante el corto tiempo de gestación de aquel milagro, la crisálida que albergó el sueño de esa niña soñadora.

Pero también fue mi Última Morada: una especie de mezcla entre Rivendel y los Puertos Grises. Aquí experimenté, crecí con las ideas y comentarios de mis pocos lectores, y me gané una pequeña cuota de respeto en el saturado mundo de los blogs. Aquí descubrí que el camino está en hacer una profunda reverencia frente a la tumba de Tolkien (tarea pendiente para mis, si Dios quiere, días de post-grado) y seguir marcando el paso hacia un nuevo lenguaje, una nueva visión de la fantasía, y un millar de historias.

Los que me conocen saben que tengo una obsesión radical por deshacerme de la tiranía de los lugares comunes. 

Esa postura venía forjándose desde hace algunos años. Pero fue aquí, en mi crisálida personal, donde tomó su forma definitiva. El Huevo Mundano fue mi monomito, mi viaje heroico, mi búsqueda propia por un nombre verdadero. Por eso le rindo honores y me despido de él como se lo merece.

Mi partida del Huevo significa también una despedida de la fantasía heroica pura. Una vez, hace casi diez años, el género me inspiró para convertirme en lo que soy: un casi adulto joven, peludo, un poco gordo (aunque estoy a dieta), que se pasea por los recovecos de una literatura en lengua extraña, anhelando tener una cátedra universitaria y tiempo para escribir sus libros.

Sin embargo, el género hoy me satura, me aburre, me llena de insatisfacción, no porque sea pueril ni porque carezca de lo que hace a algo digno de ser leído. Todo lo contrario: si lo abandono, es para buscar más, para rendirle tributo y hacerla más grande, más hermosa e imaginativa.

Mi partida del Huevo coincide con el hallazgo del steampunk como un nuevo lenguaje para comunicar mis ideas sobre lo fantástico. Seguiré hablando de hadas, dioses, elfos y dragones, pero envuelto en una densa nube de vapor saturado. Los últimos posts que dejo en ésta, vuestra humilde casa de descanso, marcan mi nuevo camino a seguir.

Los espero en http://mundosavapor.blogspot.com , mi nueva casa. Allí le daremos al Huevo la continuación que se merece. Un abrazo a todos,

EMILIO.
  

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Hiladora

La  Hiladora es un complejo entramado de placas de cobre, estaño y terminales de oro, en cuyo recipiente más íntimo están contenidas, encerradas en relojes que no marcan la hora, las tres energías que alimentan las ruedas del Destino. Cada recipiente, a su vez, está conectado a un depurador, que alimenta a los espíritus con éter sintetizado, manteniéndolos vivos y en funcionamiento. Todo esto es posible gracias a una caldera que produce enormes cantidades de energía térmica, la cual circula en forma de vapor saturado  a través de un intrincado sistema de válvulas y venas de materiales de artificio.

La cámara de confinación de La Hiladora fue diseñada por Pólux Athelstand a principios de la cuarta década posterior a la caída de Mederlich y sus hijos, después de que estos últimos dieran muerte a las tres diosas del destino y quemaran hasta sus cenizas el bosque de Grievengrowth. Athelstand, cuya vida había sido bendecida por Clothos, la dadora de nombres e hiladora del hado, prometió a su diosa patrona —cuando ésta se hallaba herida de muerte—, que encontraría una manera de traerla a ella y a sus hermanas de vuelta del Éter. A este punto, se rumorea que los primeros intentos del inventor por cumplir su juramento lo llevaron a la práctica del tabú de la sintaxis humana, empresa que evidentemente se vio fallida por el pobre estado de la teoría y por el rechazo generalizado de la comunidad de alquimistas y cultores de la magia. Los registros mismos de la vida de Athelstand señalan que fue dos veces llevado a juicio, siendo la primera de estas instancias por la generación espontánea de un homúnculo de tres cabezas que estalló dentro de su atanor matando a una decena de personas. La segunda vez, los cargos presentados en contra del científico fueron interpuestos por una influyente firma de sepultureros que declaró haber sorprendido al hombre profanando tumbas en busca de estructuras óseas y tejido en buen estado.  Según consta en su biografía no autorizada, esta denuncia nació a raíz de un segundo intento por construir una morada corpórea para las tres parcas, fundamentada en los dudosos procesos del galvanismo.

La Hiladora nació como el último intento por cumplir su promesa. Un Athelstand ya viejo (y algo chalado) dedicó los últimos seis inviernos de su vida al diseño e implementación del primero ordenador de datos de la historia. Como toda maquinaria del periodo, se convirtió en una central de procesamiento sumamente barroca, muy poco funcional y, para remate, sumamente inestable.  Durante los primeros años, no fue más que una sórdida prisión de hierro para el espíritu de las tres parcas —Clotho, que hila la vida, Lacusia, que mide el largo del filamento y Atrophis, la implacable, que lo corta a su debido tiempo—, que fue regresado a la tierra mediante procesos que, hasta el día de hoy, siguen rebanándole los sesos a quienes estudian la conductividad de planos. El hecho de que las diosas no pudieran comunicarse con el exterior fue la última gran crisis que la mente tras La Hiladora tuvo que sortear antes de su muerte. Irónicamente, Atrophis en persona no le concedió el tiempo suficiente para hacerlo. Solo cien años más tarde, bajo el paradigma de la alquimia generativa, lograría implantarse en su funcionamiento el sistema de placas transformacionales primarias, cada una con la información necesaria para que las parcas pudieran producir enunciados ilimitados a base de un conjunto reducido de reglas recursivas.  Hoy por hoy, el paradero de La Hiladora es desconocido. Pero el hecho de que esté escribiendo esto es la prueba irrefutable de que las tres diosas del Destino siguen influyendo en el curso de las vidas de los mortales.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Entrevista para Contenidos Locales

Mis buenos amigos de Contenidos Locales han sido muy amables, paleteados y tolerantes al concederme la oportunidad de hablar tanda cabeza de pescado junta. Los invito a echar un vistazo a esta entrevista.

De ideas claras y pensamientos concretos es Emilio Araya Burgos. Escribe desde los 14 años y siempre tuvo en mente convertirse en un escritor famoso. Ese propósito lo llevó a estudiar Letras Inglesas en la Pontificia Universidad Católica y hoy es reconocido no sólo por ser uno de los pocos cultores de la fantasía heroica en Chile, sino que también por ser el autor de la novela Schmetterlinge, publicada este año por la Editorial Forja. La literatura inglesa es su predilecta, sólo lee libros del siglo XIX y anteriores a él. Reconoce que no le interesa la literatura latinoamericana ni menos la chilena. Leyó a Tolkien cuado tenía 12 años y desde ahí que se convirtió en su primera y gran influencia, la que está presente –de una u otra forma- en todos los textos que escribe y parte de los cuales forman parte de su Blog Huevo Mundano.

Lee más acá

jueves, 14 de octubre de 2010

FILSA & Fantasía Austral

El próximo 30 de Octubre al medio día en la sala Nemesio Antunez del Centro Cultural Estación Mapocho, se llevará a cabo el re-lanzamiento de Schmetterlinge. La invitación está cursada desde ya, para todos aquellos que no pudieron ir al evento de marzo pasado. La presentación estará a cargo de dos escritores, el primero de ellos Armando Rosselot (Te llamarás Konnalef, Forja, 2009). Recuerden que voy a estar firmando ejemplares. Vayan. Podrían encontrarse con más de una sorpresa.

En otro ámbito, fieles al dicho, Javier Maldonado y yo hemos unido fuerzas y hemos creado el blog colectivo Fantasía Austral, el cual ya ha sido definido por Alberto Rojas como "una cantera de fantasía épica"  Así que ya saben: si les gusta la fantasía de capa y espada, tienen un proyecto literario en esa u otra línea semejante, no duden en visitar este espacio y recomendarlo a sus amigos.  Los invito a darse una vuelta por el blog y, si quieren unirse al proyecto, a escribirnos a fantasiaustral@gmail.com. Todos son bienvenidos. Tenemos que ser legión.


lunes, 4 de octubre de 2010

La Encina del Ahorcado (Fragmento)

Tragedy, by hrcM

La noticia de que un duelo tendría lugar en la Encina del Ahorcado corrió como reguero de pólvora en cada rincón de Melnor. Esto, desde luego, no se debía a que a alguien pudieran importarle las rencillas de dos niños del barrio alto, sino al lugar mismo en el que se suscitarían los hechos. La Encina del Ahorcado tenía una reputación siniestra, que iba mucho más allá del mero nombre. En otro tiempo, había sido escenario de los más espantosos eventos.

Una mañana de invierno, un joven pintor había subido hasta el mirador para hacer algunos bocetos de los terrenos que se abrían hacia el sur de la isla. Entonces, una vez que se instaló cómodamente a los pies de una añosa y frondosa encina que allí había, vio que una bota colgaba justo por encima de su cabeza. Al alzar la vista, tieso y teñido de azul, estaba el cadáver del viejo Abelardo Monlard, el molinero del pueblo, colgando firmemente de la rama más alta y resistente del tronco.

El alcaide y sus hombres no tardaron en aislar la escena del hallazgo. Se puso a un guardia a cada flanco del cerro, para evitar que los curiosos se inmiscuyeran y entorpecieran la investigación. Sin embargo, no bien corrió la terrible noticia (pues el señor Monlard era muy querido en la vecindad), el cerro se llenó de una multitud horrorizada, que quería ver al fiambre con sus propios ojos. Simplemente se rehusaban a creerlo. Un viejecillo tan apacible, cansino y venerable como él… ¿Por qué? ¿Qué oscuros secretos podía esconder aquella mirada gélida, de un celeste polar, que siempre lucía más ligera y libre que el viento?

Las malas lenguas no tardaron en hacer notar sus apreciaciones. Hubo rumores sobre su esposa, un hijo no reconocido, deudas y tratos con prestamistas abusivos a causa del juego. A falta de otras pistas a las cuales ampararse los conspiradores de siempre acabaron sosteniendo que Abelardo Monlard se había visto forzado a acabar sus días para huir de las presiones de la mafia que operaba secretamente en Grendel, un pueblo del norte de la isla que él visitaba mucho y del que se decían toda clase de cosas.

Sin embargo, la tesis del suicidio dejó una multitud de cabos desatados. En primer lugar, no se había encontrado un taburete bajo el occiso, ni ningún dispositivo que le hubiera permitido ponerse de pie antes de echarse el lazo al cuello. Por otra parte, cuando los hombres del alcaide examinaron el cadáver, descubrieron que, sobre la marca de la soga, había otra mucho más tenue: un corte fino, hecho con maestría, abriendo un surco en la arteria yugular de la víctima. Estaba claro. El hombre había muerto desangrado, probablemente en un lugar lejano a la encina —tal vez en su propia casa—, y había sido llevado al cerro y colgado con posterioridad. Eso explicaba las discordancias en la data de muerte y el hecho incomprensible de una precipitada acción autodestructiva.

Hubo mucho que decir respecto a la muerte del viejo y querido señor Monlard. Como de costumbre, las posadas de los alrededores tuvieron su tiempo de bonanza gracias a la tragedia. En la venta de Un Clavo saca Otro Clavo, por ejemplo, se vendieron toneles y toneles de cerveza. Los viernes, el local organizaba una competición de conspiradores, todos los cuales, por supuesto, bebían y comentaban una y otra vez los pormenores de la muerte del molinero. La mejor historia o la teoría más sugestiva, se llevaba de premio un enorme barril de cerveza, un enorme trozo de carne, o la invitación de la casa a una suculenta cena familiar.

Pronto la conmoción pasó y todos olvidaron al simpático anciano de los ojos polares. Las especulaciones cesaron, dejando una historia muy retorcida detrás, y todos volvieron a sus ocupaciones habituales.

Así fue, hasta el incidente en el camino del juncal.

Por causa o azar, el mismo pintor que hubiera descubierto el cadáver del señor Monlard, venía una tarde avanzando hacia Melnor por la vieja entrada, atravesando una landa de pastos altos y juncos que se perdían en la distancia. Era una tarde serena. La luz iba en declive, pero aún estaba lo suficientemente claro para tomar un par de notas sobre el paisaje. El artista hizo unos trazos rápidos del juncal. No le importaba demasiado y, de todas maneras, sólo se trataba de un montón de pasto, muy fácil de improvisar después. Por el contrario, dedicó su atención a la tétrica y destartalada figura del molino de viento que se recortaba contra el fondo.

De pronto, el hombre oyó un quejido en la distancia. Al principio, sonó como el grito de una mujer de edad, la queja de alguien que llora, ahogándose en la desesperación, o el áspero sonido de un aspa oxidada. Dejando de inmediato sus utensilios a un lado, el dibujante alzó la vista e inmediatamente centró su atención en la techumbre del molino. Las alas habían empezado a girar de manera errática, primero en sentido del reloj y luego al revés, al compás de un viento imperceptible.

Entonces, mientras, azorado y presa de la fascinación, el testigo contemplaba la danza fantasmal del monumental esqueleto y uno recuerdo de la potestad de Abelardo Monlard, un resplandor verdoso y amarillo emanó desde el fondo del juncal, encendiendo llamas que ardían sin consumirse, trazando en medio del perímetro la forma de un hombre ahorcado en un árbol.

Aquella noche, la historia interminable había regresado. Estaba más claro que nunca. Abelardo Monlard estaba pateando con fuerza la tapa de la tumba.

EDdE, Cp 2 Duelo en la Encina del Ahorcado

domingo, 3 de octubre de 2010

Las Cloacas de Locknor (Fragmento)

Sewer, by VanderHuge (deviantart)
Echaron un rápido vistazo a cada una de las cinco alternativas que tenían al frente: todos los caminos se veían igualmente sucios y poco confiables, siniestros y desagradables al olfato. Sin embargo, el único de ellos que les permitía seguir avanzando era el del medio. Los cuatro adyacentes acababan rápidamente en paredes cubiertas de algas, limos y colonias de hongos, en depósitos de excrecencias y súbitas caídas que llevaban a viejos canales en desuso.

A poco andar, los mellizos descubrieron que sería imposible seguir sin ensuciarse. Tras atravesar el corredor, salieron a un espacio abierto sobre el cual flotaba una densa nube de amoniaco mezclado con otras pestilencias. Entre arcadas, Alanis alzó la vista y descubrió un sinnúmero de escotillas que se abrían desde las paredes, flanqueadas por faroles que exhalaban tétricas luces verdes y amarillas, encapsuladas en frascos de granalita . Las aberturas vomitaban continuamente el flujo de inmundicia que circulaba por los canales subterráneos de cada uno de los hogares de Locknor, transportando los desechos de herreros, peones, diplomáticos y gobernadores, formando una laguna repugnante. La única posibilidad de llegar al otro lado de aquella suerte de anfiteatro era a través del cenagal artificial que se había formado tras años y años de desperdicios humanos.

—No esperes que ponga un pie en esa cosa—dijo Maranie.

Alanis no tuvo más remedio que cargar a su hermana sobre sus hombros. Después de comprobar la profundidad del depósito —el agua le llegó hasta un poco más arriba de las rodillas—, se inclinó en el borde de la alberca, con ambas manos hacia atrás, para recibir a la joven, que se abrazó firmemente a su cuello. Después, no sin cierta dificultad, descendió hasta tocar fondo, se armó de fuerza y paciencia y siguió adelante, aunque a paso de tortuga. Pese a que Maranie era ligera como una sílfide, la peste de cien años que reinaba en el lugar intervenía continuamente con la tarea. Los constantes accesos de náusea lo hacían trastabillar. El miedo siempre presente de encontrar un súbito descenso en el trazado del terreno entorpecía cada uno de sus intentos por ir más allá. Pronto, la falta de aire fresco también comenzó a jugarle en contra. Cada vez que se desviaba para uno u otro lado, veía llamas que engendraban pesadillas y rostros fantasmales en los rincones más oscuros. Casi creía que podía escuchar las voces de espíritus penitentes, llamándolo por un nombre que no era el suyo, pero que le pertenecía tanto como su Destino.

Al fin, llegaron hasta el otro extremo de la alberca. Allí, después de dejar a la muchacha en un lugar seguro, Alanis se rindió ante la sombra de una puerta cerrada.

EdDE I, Cp. IX La Reliquia del Viejo Monasterio

sábado, 14 de agosto de 2010

La Desolación


El niño cruza el campo marchito. Lleva a rastras una capa hecha girones, una espada mellada y botas con agujeros en las puntas. El frío del lodazal engendra pesadillas viscosas entre sus dedos, cansados de la insolente vastedad de la llanura.

Avanza. Sus pasos son lentos, trabajosos. Cada uno se lleva más de sí que el anterior. La travesía ha drenado hasta el último ápice de sus fuerzas. El dolor de las ampollas a penas lo deja avanzar sin preguntarse hasta cuándo tendrá que soportar. Rodeado por los muertos —los innumerables restos de la Gran Batalla—, aquel que fue su único sobreviviente, fatigado, entumido y muerto de miedo, avanza bajo un cielo sin estrellas. Una manta de hollín es lo único que se atisba en el horizonte, tras una empinada sierra de gargantas negras. Los humos de la guerra trascienden lo que sus ojos ven y lo que su imaginación puede enhebrar. El desastre es vasto. Tremendo. Inimaginable. De pronto, la tierra se convirtió en el mundo engendrado por un corazón enloquecido, el paraíso de los dioses del odio. No había quedado un solo árbol en pie, ni un lugar con recuerdos frente al cual detenerse una última vez, para decir adiós. Sólo una enorme pila de cadáveres ardiendo en el silencio que les deja el olvido. Sólo eso, y un niño abriéndose paso, lentamente, a través de las entrañas de la desolación.

viernes, 30 de julio de 2010

Buenas Noticias

Durante estos días se estará celebrando la FERIAL, feria del libro organizada por Diario el Mercurio. Schmetterlinge estará con un 20% de descuento. El día domingo estaré firmando ejemplares durante la tarde. Aprovechen de ir, por favor. Apoyo es lo que más se necesita.

Nos vemos en Casa Piedra:  Escriva de Balaguer 5.600, Vitacura. Horario de atención: viernes y sábado de 10:00 a 20:00 y domingo de 10:00 a 21:00

En (casi) otro ámbito, Lakensis Lossarnach ha escrito un tremendo ensayo académico sobre mi libro. He quedado bastante perplejo después de leerlo. Como de costumbre, la crítica literaria universitaria siempre repara en cosas de plano ignoradas por la humilde mano del escritor. Es bastante largo, pero recomiendo su lectura a quien le interese. Para leerlo, haz click aquí

martes, 13 de julio de 2010

Malas Noticias

Hoy llegaron las primera factura de ventas de Schmetterlinge. Los resultados no son auspiciosos. Si tengo que ser honesto, son pésimos: nada más que siete ejemplares vendidos.

Sé que estoy empezando, sé que que falta la FILSA. Por desgracia, también estoy muy al tanto de que en Chile la publicidad literaria es un asco, y de que si no tienes grandes contactos para hacer ruido, te mueres en el anonimato. Da pena que un libro que ha gustado a quienes lo han leído no esté llegando porque a los medios les importa un bledo.

Es por esto, y por otras razones, que he decidido probar, paralelamente, suerte fuera de Chile. En palabras simples (aunque debo insistir en que esto es multicausal) decidí dar un giro al desarrollo de El Destino de Ephyle. Voy a aprovechar mis conocimientos y escribirlo en inglés, para tratar de exportarlo directamente. Es un tremendo desafío. Pero estoy siguiendo una corazonada. Además, desde un punto de vista práctico, el mercado editorial que apunta la la fantasía es mil veces más potente en USA que en estas latitudes.

Eso sí, el blog de EDdE va, y en versión bilinguë. Un abrazo para todos!

jueves, 1 de julio de 2010

Nueva Casa




Hola a todos. Primero, mis disculpas por la última entrada fantasma y por el largo tiempo que pasé sin actualizar. Como muchos saben, cuando acaba el semestre no queda mucho tiempo para distraerse o dedicarse a otros trabajos.

Hoy quiero invitarlos a que estén atentos a la apertura de mi nueva casa. Si, señores. Lo que oyeron. Estoy orgulloso de anunciar que el Huevo Mundano tendrá una nueva sede en blogger, dedicada exclusivamente a mi proyecto mayor, El Destino de Ephyle. Para los que me conocen y saben que tengo/tenía la pésima costumbre de cambiar de blog cada cinco minutos, no desesperen. El objeto de este nuevo espacio no es hacer tirar el Huevo a la basura. Estaré tan pendiente de él como siempre. Seguirán (y aumentarán) los cuentos cortos, los ensayos, las crónicas, reseñas y pataleos. Incluso, tal vez, le de un giro más cotidiano.

En el blog dedicado a EDdE, encontrarán, como es debido, mucha información respecto al libro y su construcción. También habrá bastante material gráfico (bocetos de personajes, mapas, y una que otra ilustración) Eso sí, les pido paciencia. A pesar de que empezaré a subir material este mismo fin de semana, me tardaré unos cuantos meses en poner el sitio a flote en su totalidad.Háganse seguidores para estar al tanto de todo lo que pasa.

Espero haber sido portador de buenas noticias. Lo que es yo, muy feliz por ello.

Nos vemos pronto,

Emilio.

miércoles, 16 de junio de 2010

The Second Sin


My family is proud and ancient. Our name is written in the hall of fame of heaven. Each offspring of the Alraun clan has been a beacon of hope for the world. The history of my kin has been written with the blood of the greatest warriors, the finest craftsmen, the most inspired poets and the boldest travellers. We are part of the fated victory of light against darkness.

And yet, I have failed. I have stained the roots of my bloodline. I have seen what must not be seen, desired what must not been desired. I am cursed. The deeds of my heart shall bring us to an end.

For how—how can I refuse to see her? How can I banish her from my thoughts? The night was created, above all, to praise her face in the moonlight. God’s plan was made to lead all men towards her insurmountable beauty. She is the beginning and the end, the path by which we all shall be saved. And still, she is indomitable as a tempest; her eyes mirror the power of lightning; her flesh awakens the dark pulses of my mind. O, Acacia, lovely Acacia, the tree that cannot be touched. Your name is full with my destiny. My days are full of reveries, my nights crowded with nightmares of you and me together in the meadows. Why, in the name of God, were you born to be my sister?

I must find a cure for this disease. I cannot disrupt the divine plan with these sinful fantasies. I shall seclude myself for the rest of my days. No one shall hear my name again, not beyond the walls of Blackmound Abbey. There I shall, in silent prayer, slay the demons that have tainted the mighty name of my kin. There I shall, in close communion with God, bring this horrible curse to an end.

domingo, 13 de junio de 2010

El Bosque del Silencio



A sus pies yacía un bloque de piedra, oculto tras una maraña de hiedra y hoja seca. En él estaba inscrito el antiguo nombre del bosque.


“Ya no hay quien vuelva a llamarlo así”, pensó la muchacha, envuelta en un extraño y sombrío recogimiento. De pronto, los cansinos rayos del sol vespertino se encogieron sobre sí mismos. El frío era el de una tarde de otoño, triste después de la lluvia. Y sin embargo el crepúsculo no había cambiado. El mundo de alrededor se dormía plácidamente en la calidez de la última hora del verano; pero allí, alrededor del claro, reinaba el mismo silencio que había arrebatado al bosque su antiguo nombre.


Una vez, hace mucho tiempo, vivía en el corazón de la floresta un ruiseñor cuya vida alimentaba los vetustos huesos de los árboles. Su canto despedía las hojas en otoño y despertaba los frutos en primavera; alzaba al fresco pimpollo sobre sus raíces, elevándolo sobre el tallo hasta la copa; preparaba el lecho del tronco enmohecido y hacía crecer la hierba entre los túmulos. Era la criatura más amada del bosque, si bien quizás la más pequeña, pero su corazón latía con fuerza y, a través de él, aquellos que la rodeaban podían seguir viviendo. No tenía, quizás, las portentosas alas del Águila Mistral, Señora de los Vientos del Sur, o el incansable de Tolqüensar, la Estrella del Norte, pero era otra de aquellos a quienes los mortales llamaban eternos. Ella misma era el corazón del bosque, el pulso a través del cual su espíritu perspiraba cada día. Su nombre era Valðëre, y quien poseyera el secreto de su música podría forjar un instrumento capaz de acabar con el sueño de los muertos.

Por aquellos días, un joven músico y artesano había llegado a la región. Había hecho, según se decía, un largo camino buscando la entrada al corazón de la floresta. Movido por los rumores y leyendas que se había tejido alrededor de ella, había concebido la extraordinaria idea de capturar al ruiseñor y matarlo, para así obtener el preciado don de su voz y utilizar su magia para encender los deseos de su corazón.

La búsqueda del artesano acabó una tarde de junio, cuando, con un paso que doblegaba la hierba y perturbaba el sueño de las raíces, entró en el claro donde Valðëre invocaba a Limanavara, la Blanca Doncella del Inverno. De este modo, aprovechándose del descuido de la criatura, el invasor subió hasta su sitial y le clavó una espina de cardo en el pecho. Entonces, con la muerte del pequeño ser, murió también el antiguo nombre del bosque.

Sin embargo, los árboles siguieron creciendo. Cada primavera trajo su verde y su afán. Las raíces siguieron alargándose, buscando el sueño bajo la tierra, y hubo siempre copas nuevas anhelando tocar el cielo; no se fueron ni aves, ni ardillas, ni las criaturas del día o la noche. Y sin embargo siempre faltaba algo. Quizás, una pequeña y dulce melodía, que nadie—solo uno—, supo alguna vez de donde vino. Por eso ahora lo llamaban el Bosque del Silencio. Aquellos que sobrevivieron a la partida de Valðëre nunca olvidaron que algo les había sido arrebatado.

martes, 8 de junio de 2010

Los Reinos Reunidos de Felipe Real


Hace unas semanas, mi compañero de armas y letras, Felipe Real, me dijo que se arriesgaría a incursionar en el mundo de los blogs. Fue una muy buena noticia. Él es un gran cultor de la fantasía y los relatos heroicos. Además, un lector muy entusiasta: verdadero conocedor del género de capa y espada. Ha leído muchísima literatura fantástica. Me complace decir que tiene una biblioteca y unos conocimientos muchos más amplios que los míos. ¡Qué honor y qué suerte tenerlo entre nosotros!

También es un escritor muy entusiasta. Tiene muchas ganas de meterse de lleno en le mundo de las historias que ambos adoramos. Reconozco en él un gran talento, una persona con muchos gustos e ideas afines. Estoy convencido que su contribución a la anémica literatura fantástica chilena (entendiendo fantástica con un claro sentido y sabor a "orejas largas") será inestimable.

En su blog, Reunited Kingdom, podrás encontrar fragmentos de su obra, The Shattered Lands. Un aspecto novedoso de su propuesta es que Felipe incorpora textos en tanto en inglés como en español. Será un buen ejercicio para los conocedores de la lengua inglesa, y un desafío para aquellos que quieran aprender. Así que ya saben. Todos invitados a descubrir a esta nueva lumbrera de la fantasía nacional.

domingo, 23 de mayo de 2010

Nuevo Comienzo (al fin!)


Este libro recoge en sus páginas parte de la historia y el destino de un mundo. Es una crónica vasta, a menudo incompleta y fragmentada, hilada a partir del canto de muchas voces. En su seno, se halla la última letra escrita en recuerdo del Tiempo de los Sellos y de los magnos acontecimientos que en ese entonces sucedieron. Es una historia de gloria y fracaso, de voces al viento y secretos urdidos bajo raíces; un cuento de luz, oscuridad, de certeza, incertidumbre, esperanza y desengaño. Aquí, lectora o lector, está el Destino. El Destino de un mundo llamado Ephyle.

Bienvenidos al libro que me he tardado más de diez años en escribir.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Martina en su tierra

El Diario Austral de Osorno publicó hoy una pequeña nota sobre Schmetterlinge. Genial que Martina haya llegado al fin a su tierra. Estaremos atentos a más novedades.

domingo, 9 de mayo de 2010

Chile país de Piratas

Unos días atrás, pasaba frente al Portal Lyon con un ejemplar de Ygdrasil bajo el brazo. Al detenerme frente al semáforo, un hombre gordo, con barba de tres días, me dijo:

-Libros baratos, joven.

Seguramente, al verme, debió pensar que yo era parte de su público objetivo.

Cuando miré su "mercancía", vi libros de Isabel Allende, textos de auto-ayuda, y un ejemplar de Twilight. Acto seguido, lo miré a él. Fijamente, por uno o dos segundos. Después, cambió la luz, y me marché. Entonces murmuré:

-Soy escritor, señor. No me ofenda.

Me pregunto si me habrá escuchado, o, si, en caso de haberlo hecho, mis palabras habrán significado algo para él. A veces peco de ingenuo.

jueves, 6 de mayo de 2010

Metafantasía Austral

A todos aquellos que andan con el bolsillo estrecho y no tienen plata para comprar un libro:

Me avisan desde Paniko.cl, que el pequeño artículo que escribí sobre Schmetterlinge ya está online. Van a sortear un ejemplar firmado entre los posts, así que si no pudieron ir al lanzamiento o no han podido comprar el libro todavía, esta es la oportunidad para hacerse con uno.

martes, 4 de mayo de 2010

Literatura Fantástica: ¿En qué están los autores Chilenos?

Por Alberto Rojas, para EMOL.

Era sólo cuestión de tiempo. Hace algunas décadas, para el público masivo, hablar de ciencia ficción chilena podía resultar casi una excentricidad. Algo lejano, extraño y con una presencia bastante marginal en las librerías nacionales. Un universo pequeño y cerrado del cual sobresalía sin mayor competencia el nombre de Hugo Correa.

Sin embargo, casi como un inesperado big bang, la literatura fantástica chilena ha estallado en el último tiempo con nuevas obras y jóvenes autores.

Un aporte indiscutible fue sin duda la amplia revisión histórica que Marcelo Novoa reunió en “Años Luz. Mapa estelar de la CF en Chile”, que a través de sus páginas ofrece un fascinante recorrido por la literatura fantástica chilena desde los tiempos de la Colonia hasta nuestros días.

Otra antología ineludible es “Alucinaciones.TXT”, que reúne veinte cuentos que se aventuran en el terreno de la clonación, el cyberpunk, los mundos postapocalípticos, los seres artificiales, el terror y los viajes por el tiempo.

En términos individuales ya hay un conjunto de nombres que están generando una importante cantidad de títulos. Dentro de los más prolíficos está Jorge Baradit , que desde “Ygdrasil” hasta “Kalfukura”, ha convertido cada una de sus novelas en piezas angulares de este movimiento literario nacional.

Lo mismo ocurre con Francisca Solar, que tras publicar en internet su exitoso fan fic “El Ocaso de los Altos Elfos” —que le generó 900 mil lectores—, saltó directamente a las librerías con la novela de suspenso paranormal “La Séptima M”, cuya segunda parte finalmente entrará a imprenta en los próximos meses.

Francisco Ortega, con “El Número Kaifman”, tomó por asalto la ficción reuniendo intriga, conspiraciones, extraterrestres y misterios anclados en la Segunda Guerra Mundial. Y que ya tiene lista su nueva novela: “El Horror de Berkoff”.

Tampoco se puede olvidar a Mike Wilson, que con su novela “El Púgil” rompió esquemas combinando mucha cultura de masas con una invasión alienígena en Buenos Aires, además de robots que sueñan ser humanos. Su nueva novela, “Zombie”, llega a las librerías este mes.

Asimismo, Álvaro Bisama, desde su elogiada “Caja Negra” hasta la reciente “Música Marciana”, ofrece una mirada que combina realidad con ficción de manera hábil, salpicándola siempre con citas ocultas entre líneas y humor inteligente.

La lista sigue creciendo con Sergio Amira y su libro “Identidad Suspendida”, y que acaba de publicar junto a Daniel Guajardo la novela “Psique”.

Por su parte, Sergio Meier, antes de partir nos dejó su novela “La Segunda Enciclopedia de Tlön” .

También podemos mencionar a Rebeca F. San Román y “Sinfonía Eterna”, novela de vampiros ambientada en un Santiago gótico y laberíntico. O a Emilio Araya y su recientemente publicada “Schmetterlinge”.

En otras palabras, esto no se detiene. Los autores que hace menos de cinco años abrieron camino con sus primeras publicaciones, hoy gozan de la posibilidad de seguir creando, muchas veces al amparo de editoriales más grandes y comerciales. Y aquellos que recién se aventuran, llegan con el ímpetu y la creatividad de las nuevas generaciones. Así que chilenos, tenemos literatura fantástica para rato.

Gracias, Kensan, por la noticia!
(Da un poco de cuco verse mencionado en medio de tanto nombre grande)