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domingo, 17 de octubre de 2010

Treinta y Tres Cuentos de Hadas

El interés masivo en el rescate de Los Treinta y Tres de Atacama sugiere muchas cosas: (i) que el morbo de la población es insaciable, (ii) que Chile, más que con el mar, tiene muchas deudas pendientes con su suelo, (iii) que The Truman Show es profética, o, (iv) que unas supuestas fuerzas oscuras del catolocismo conservador orquestaron una tragedia con matices simbólicos, o, (v) que, pese a que Dios en verdad es misterioso, sus caminos torcidos siempre acaban bien. 

Más allá de si una o más de una de las proposiciones es o no fruto del delirio personal o colectivo, el rescate de los mineros, el tremendo despliegue periodístico involucrado, el interés suscitado en el mundo y todo lo demás, vino a poner sobre la mesa, a mi parecer, un punto clave para quien escribe fantasía: la necesidad imperiosa y tan innegablemente humana del final feliz.
Dejando de lado el corrosivo cinismo del mundo contemporáneo, reflejado hasta el cansancio en todos los medios de expresión, muy en el fondo, a todos nos gusta pensar que es posible que las cosas terminen bien. A pesar de que hoy es políticamente correcto, por ejemplo, escribir libros con finales abiertos, que no dejen cabos atados, o que abrirse a la posibilidad que la vida tiene matices (porque de que los tiene, los tiene), cuestionar el absolutismo del Bien (o del Mal), hay una pequeña recámara en nuestro, muchas veces, malogrado corazón, que anhela eso que Tolkien llamara la eucatástrofe: el giro inesperado que se opone a la derrota universal, y que, en el contexto de los cuentos de hadas ha sido tan duramente cuestionado por la aparente realidad. Cada uno de esos hombres es un golpe en la cara al pesimismo del mundo de hoy, y eso la gente común lo sabe. Por eso, se pegó como mosca a la pantalla del televisor. Estamos ávidos de grandes alegrías. Que lástima, eso si, que no seamos capaces de buscarlas en otro sitio que no sea la caja maldita. Hay mucho en la vida por lo cual sentirnos menos miserables.

martes, 8 de junio de 2010

Los Reinos Reunidos de Felipe Real


Hace unas semanas, mi compañero de armas y letras, Felipe Real, me dijo que se arriesgaría a incursionar en el mundo de los blogs. Fue una muy buena noticia. Él es un gran cultor de la fantasía y los relatos heroicos. Además, un lector muy entusiasta: verdadero conocedor del género de capa y espada. Ha leído muchísima literatura fantástica. Me complace decir que tiene una biblioteca y unos conocimientos muchos más amplios que los míos. ¡Qué honor y qué suerte tenerlo entre nosotros!

También es un escritor muy entusiasta. Tiene muchas ganas de meterse de lleno en le mundo de las historias que ambos adoramos. Reconozco en él un gran talento, una persona con muchos gustos e ideas afines. Estoy convencido que su contribución a la anémica literatura fantástica chilena (entendiendo fantástica con un claro sentido y sabor a "orejas largas") será inestimable.

En su blog, Reunited Kingdom, podrás encontrar fragmentos de su obra, The Shattered Lands. Un aspecto novedoso de su propuesta es que Felipe incorpora textos en tanto en inglés como en español. Será un buen ejercicio para los conocedores de la lengua inglesa, y un desafío para aquellos que quieran aprender. Así que ya saben. Todos invitados a descubrir a esta nueva lumbrera de la fantasía nacional.

domingo, 9 de mayo de 2010

Chile país de Piratas

Unos días atrás, pasaba frente al Portal Lyon con un ejemplar de Ygdrasil bajo el brazo. Al detenerme frente al semáforo, un hombre gordo, con barba de tres días, me dijo:

-Libros baratos, joven.

Seguramente, al verme, debió pensar que yo era parte de su público objetivo.

Cuando miré su "mercancía", vi libros de Isabel Allende, textos de auto-ayuda, y un ejemplar de Twilight. Acto seguido, lo miré a él. Fijamente, por uno o dos segundos. Después, cambió la luz, y me marché. Entonces murmuré:

-Soy escritor, señor. No me ofenda.

Me pregunto si me habrá escuchado, o, si, en caso de haberlo hecho, mis palabras habrán significado algo para él. A veces peco de ingenuo.

sábado, 10 de abril de 2010

Retrospectiva

Hoy en la mañana ordené el departamento. Me levanté razonablemente temprano, pasé aspiradora, saqué el polvo, limpié el piso, lavé loza, enseres y superficies. Los días de orden y limpieza son una gran oportunidad para sentirse feliz con tu casa. También lo son para pensar un poco en uno mismo.

Han pasado casi diez años desde que me puse a escribir en serio. Mis primeros empeños los hice a poco de haber cumplido catorce, en un tiempo en que no había tantos escritores precoces como ahora. En esos días, era muy feliz haciendo lo que más me gusta, y aún lo soy. Sin embargo, a pesar del enorme logro que es Schmetterlinge, no puedo evitar sentirme un poco desencantado. Me explico.

Mientras desempolvaba los estantes de un mueble, me encontré con un disco que antes era de mis favoritos: Battalions of Fear, de Blind Guardian. Ahora bien, el cuarteto alemán fue durante siglos mi banda preferida. Compré todos sus discos,y me enojé mucho cuando no pude asistir al concierto que dieron en Chile el año 2002. Ahora, vuelvo a ellos de vez en cuando, y siempre con un poco de vergüenza, como si estuviera mal volver a aquello que nos hace algún sentido.

Entonces pensé, y me dije: esto está muy mal. No hay por qué avergonzarnos de las cosas que nos gustan, o dejar que los prejuicios de la gente ignorante nos hagan cuestionarlas.

Siento que hoy más que nunca necesito volver a mis raíces. Volver a lo que me gusta y no seguir dando botes con lo que es "correcto" que deba gustarme. Tengo ganas de revivir un poco mi viejo estilo; echo de menos esas tardes enteras de dibujo, pintar con acuarela e iniciar mangas que nunca voy a terminar. Fueron buenos tiempos, y pueden seguir siéndolo perfectamente, a pesar de que casi ha pasado una década. Pues, como dice el dicho gringo, "if it's not broken, don't fix it." No hay por qué cambiar o deshacerse de algo que todavía puede funcionar.

martes, 29 de diciembre de 2009

RHM


Mi primera contribución a un blog de literatura fantástica.

Comencé a escribir Literatura Fantástica en las puertas de mi adolescencia, en un tiempo en el que no era muy común comenzar a escribir sobre estas cosas a tan temprana edad. Hoy a pocos le causará sorpresa escuchar de un niño que a los ocho años dibujó el primer mapa de su mundo inventado, por ejemplo. En verdad, es muy difícil que alguien se muestre verdaderamente pasmado si se entera que, cinco años después, ese mismo niño firmó contrato con una editorial y sacó adelante el primer volumen de una voluminosa saga de aventuras. Sin embargo, hace diez o quince años, encaminarse tan pronto hacia la creación de una obra de literatura fantástica era una decisión que no tardaba convertirse en aventura solitaria. Hace poco más de una década, J.K Rowling todavía escribía Harry Potter y C. Paolini aún pulía los borradores de sus libros. No estábamos tan acostumbrados a los personajes de orejas largas o dientes afilados como lo estamos hoy. En la actualidad, la Literatura Fantástica se ha vuelto algo más que una moda o un capricho de niños con imaginación hiperactiva. Es un tema de encuentro, un lenguaje común y algo que nos vuelve a todos viejos conocidos.

El resto del artículo (no es para nada largo) lo pueden encontrar aquí.

miércoles, 29 de julio de 2009

Freakshow




Mucho se ha dicho últimamente que la hora de escribir el Chile Fantástico ha llegado. Y, a decir verdad, el panorama nunca ha estado mejor. Confieso que los veinte y poco más años que tengo no me alcanzan para rastrear el momento exacto en el que nuestra literatura dejó de ser un estercolero de vacas sagradas. No sé cuando el freak llegó a sentarse junto al insoportable viejo de la boina. Pero si de algo tengo certeza, es que a los catorce años creía que estaba solo en esto. Nunca se me ocurrió pensar que lo que estaba viviendo se replicaba infinitamente a lo largo de la vertebral de Los Andes. El bote que imaginaba se abría paso en soledad. Había dos manos y dos remos. Nada más. Pero de pronto aparecen todos estos personajes. No sólo los que están publicando hoy, sino los que van a publicar mañana. De súbito te enteras que las manos y los remos estaban allí, a vista y paciencia tuya y de la niebla. Es mucho menos desalentador remar acompañado, aunque la oscuridad no te deje ver el rostro del compañero, del otro lado del largo bote. Y aún así te convences. El discurso de los freaks nos convence no sólo porque seamos freaks nosotros también, sino porque entendemos que el realismo es más que el mundo donde la noche y sus seres duermen bajo las raíces. Sabemos que la magia es más que una metáfora: la hemos visto. Y sin embargo los de siempre siguen alegando. Que no es Literatura (¿Qué diablos?), que no es "literatura seria" (¿Ah?), que no es para tomarse en serio, que es "reaccionaria", blah blah blah blah. Los anacrónicos constructivos nos sirven. Las ratas mordiendo el cableado no. Juan Manuel Vial et al, les hablo a ustedes. Les guste o no, el realismo del mainstream es frágil, parcial y fragmentario. Está saturado. Nosotros tenemos el mejor, el inagotable,y somos muchos. Muchos.

Pase y sientase cómodo, señor dinosaurio. No somos intolerantes defendiendo la libertad de expresión, pero tenemos argumentos.

miércoles, 22 de julio de 2009

Comparaciones



Imagen by for-w-art (deviantart)

A los seres humanos nos encanta compararnos. En algún momento de nuestras vidas, todos queremos ser como algún personaje, un actor o una personalidad. No sé si es algo intrínsico de la naturaleza humana, o si definitivamente la disconformidad es aprendida. Nuestras influencias nos dominan. Nos perdemos en los pliegues de a capa de nuestros ídolos. No falta la que quiere ser la Stephanie Meyer de Talca, el Tolkien de Chimbarongo o el Borges chilote. Nos cuesta un mundo ser los nosotros mismos de donde somos. ¿Para qué estar a la sombra de otros si puedes echar la tuya propia, por modesta que sea?

Yo le tengo un gran aprecio a todos los escritores y escritoras que admiro. Me encanta demostrarles mi afecto con sutiles postales intertextuales. De pronto, escribo un párrafo donde Poe pasa caminando por la calle como un vendedor de paraguas. El sobrenombre de la mejor amiga de Martina es el título del sucesor de Out of the Silent Planet de Lewis. No se trata de alardear de cuando he leído, o de mandar al lector a la enciclopedia. La idea es sólo pagar con un granito de arena (un cameo, un nimio reconocimiento) los gratos momentos, y la experiencia adquirida. Si mi lector no se da por enterado del guiño, el libro se entiende de todos modos. Sólo es un poco de cariño. No vivo por convertirme en el clon de alguno de ellos.

Hace un rato, leí en el blog de Francisco Ortega que un joveuna simpe somn escritor quiere ser el C.S Lewis Chileno. ¿Por qué no es él nomás, y punto? ¿Es una cosa de madurez, del complejo de inferioridad del que sufrimos los chilenos? ¿Se trata de justificar el derecho inalienable de escribir fantasía anteponiendo el nombre de una autoridad?

Si sueno amargado es porque de verdad estas cosas me amargan. Pero menos mal que es temporal. Felizmente, valemos más que una simple sombra.