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domingo, 9 de mayo de 2010

Chile país de Piratas

Unos días atrás, pasaba frente al Portal Lyon con un ejemplar de Ygdrasil bajo el brazo. Al detenerme frente al semáforo, un hombre gordo, con barba de tres días, me dijo:

-Libros baratos, joven.

Seguramente, al verme, debió pensar que yo era parte de su público objetivo.

Cuando miré su "mercancía", vi libros de Isabel Allende, textos de auto-ayuda, y un ejemplar de Twilight. Acto seguido, lo miré a él. Fijamente, por uno o dos segundos. Después, cambió la luz, y me marché. Entonces murmuré:

-Soy escritor, señor. No me ofenda.

Me pregunto si me habrá escuchado, o, si, en caso de haberlo hecho, mis palabras habrán significado algo para él. A veces peco de ingenuo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Comparaciones



Imagen by for-w-art (deviantart)

A los seres humanos nos encanta compararnos. En algún momento de nuestras vidas, todos queremos ser como algún personaje, un actor o una personalidad. No sé si es algo intrínsico de la naturaleza humana, o si definitivamente la disconformidad es aprendida. Nuestras influencias nos dominan. Nos perdemos en los pliegues de a capa de nuestros ídolos. No falta la que quiere ser la Stephanie Meyer de Talca, el Tolkien de Chimbarongo o el Borges chilote. Nos cuesta un mundo ser los nosotros mismos de donde somos. ¿Para qué estar a la sombra de otros si puedes echar la tuya propia, por modesta que sea?

Yo le tengo un gran aprecio a todos los escritores y escritoras que admiro. Me encanta demostrarles mi afecto con sutiles postales intertextuales. De pronto, escribo un párrafo donde Poe pasa caminando por la calle como un vendedor de paraguas. El sobrenombre de la mejor amiga de Martina es el título del sucesor de Out of the Silent Planet de Lewis. No se trata de alardear de cuando he leído, o de mandar al lector a la enciclopedia. La idea es sólo pagar con un granito de arena (un cameo, un nimio reconocimiento) los gratos momentos, y la experiencia adquirida. Si mi lector no se da por enterado del guiño, el libro se entiende de todos modos. Sólo es un poco de cariño. No vivo por convertirme en el clon de alguno de ellos.

Hace un rato, leí en el blog de Francisco Ortega que un joveuna simpe somn escritor quiere ser el C.S Lewis Chileno. ¿Por qué no es él nomás, y punto? ¿Es una cosa de madurez, del complejo de inferioridad del que sufrimos los chilenos? ¿Se trata de justificar el derecho inalienable de escribir fantasía anteponiendo el nombre de una autoridad?

Si sueno amargado es porque de verdad estas cosas me amargan. Pero menos mal que es temporal. Felizmente, valemos más que una simple sombra.